Ni rastro de rosa ni de libro

Sábado, 23 de abril, Sant Jordi: también conocido como el día del libro, aunque para mí es el día del libro y de la rosa. Podría decirse, que es uno de los días más especiales, pero este es el primer año que no he tenido ni rosa ni libro. Un bajón. Bueno, un bajón relativo: tenía muchas posibilidades de que esto sucediese, pero a veces, y con casicuarenta, sigues siendo una idealista.

Para qué vamos a engañarnos: tenía la esperanza de recibir una rosa. Los dos últimos años mis compañeras de piso me habían regalado una rosa, pero… ¿qué pasa cuando te independizas? Pues que ya no tienes compañeras de piso, y de rebote, te quedas sin ese detalle. Vivir sola es lo que tiene.

Durante los doce meses anteriores a Sant Jordi suelo hacer campaña, intensificándola a medida que se acerca la fecha, pero este año, con el lío de mi nueva independencia, se me ha pasado y a la vista están los resultados: ni rastro de rosa ni de libro.

El próximo año tendré que ser más insistente o buscarme un novio. Un novio detallista. De esos que te regalan las dos cosas. Porque yo soy de rosa y de libro. A lo grande. Tengo un año para trabajar este tema. La próxima vez, ya con cuarenta, rosa, libro y novio detallista. Empieza la campaña Sant Jordi 2017, ¡abróchense los cinturones que vienen curvas!

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Yo soy más de Sant Jordi.

Ayer fue 14 febrero: el día de San Valentín, el día de los Enamorados.  ¿Un día más? Para la gran mayoría, seguramente.

Para mí, depende del año y este me apetecía festejarlo. Independientemente de que tenga pareja o esté enamorada. La excusa nos valía: mi actual compañera de piso, su antecesora y yo misma, nos fuimos a celebrar el amor de la amistad. Todo muy #LaVidaenAmaniel.

Me encanta su buena disposición cuando les propones cualquier idea, por disparatada que sea: “Chicas, ¿brunch para celebrar Valentine’s Day? ¡Vamoooos!” Se agradece esa facilidad con la que consiguen que todo suceda, que todo fluya.

Un domingo perfecto. Una compañía más que perfecta. Y un lugar, el salón de té Vailima. Ideal. Muy British.

Llegamos con una puntualidad y a una hora muy británica, para zamparnos un pequeño y digestivo brunch que consistía en té/café, zumo de naranja, croissant, tostada, hamburguesa/bagel/huevos Benedict y ensalada de frutas. Todo muy de dieta. Fantástico.

Y aunque el día era propicio para hablar del sexo masculino, no lo hicimos. Un poco raro, sí. Pero para hablar de tíos ya tenemos 364 días. Por eso, preferimos hablar de nuestros proyectos más próximos. Y lo agradecí, estoy saturada de tanto corazoncito. Aunque si este post lo leen mis “compis”, van a decirme que miento como una bellaca: cuando nos trajeron el postre con un corazoncito dibujado con sirope, me salió un gritito de lo más cursi. ¿Contradictorio? Un poco. Quizás no esté tan saturada.

Y es que por mucho que critique #SanValentinesDay y las tonterías que lo acompañan, me encanta celebrarlo. Y qué mejor compañía que dos amigas de ocupan una parte importante de mi corazón.

… Así y todo, el 14 de febrero no me va. Prefiero la rosa y el libro. Digamos que yo soy más de Sant Jordi.