¡Buenos días, fin de semana!

Hace ya casi un mes que estoy durmiendo en mi nuevo apartamento y todavía no había podido levantarme tranquilamente, sin despertador ni prisas. El tema empezaba a angustiarme. No podía demorar un fin de semana más. Agenda bloqueada. Empezaba operación: breakfast weekend.

Como diría nuestro gran amigo Enrique Iglesias: fue una experiencia religiosa. Impresionante la sensación de despertarse con el sonido de los pájaros. Si viviese en el campo esto sería lo más normal, pero os recuerdo que vivo en el centro de Malasaña. Pensé que me había muerto y estaba en el cielo. Quizás un poco exagerado, pero pilláis la idea.

Cuando me di cuenta que seguía vivita y coleando, decidí que debía pasar a la acción. Era mi momento favorito del día… ¡El desayuno! Pero para preparar un buen desayuno es importante acordarse de hacer la compra el día anterior, así que me tuve que conformar con unas tostadas y un café con leche. No está mal, pero infinitamente mejorable.

El siguiente paso fue instalar mi centro de operaciones en la cama: desayuno, móvil, ordenador y libro. No hace falta decir que no salí de la cama en las horas siguientes, no voy a decir el número exacto, no hace falta.  Eso sí, para próximos desayunos sería interesante contar con una bandeja de cama, imprescindible en mi nueva vida de casicuarenta.

Tanto me ha gustado la experiencia de este fin de semana que ayer por la noche se me olvidó poner el despertador… Esta noche quizás se me vuelva a olvidar 😉 ¡Feliz semana!

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