Yo soy más de Sant Jordi.

Ayer fue 14 febrero: el día de San Valentín, el día de los Enamorados.  ¿Un día más? Para la gran mayoría, seguramente.

Para mí, depende del año y este me apetecía festejarlo. Independientemente de que tenga pareja o esté enamorada. La excusa nos valía: mi actual compañera de piso, su antecesora y yo misma, nos fuimos a celebrar el amor de la amistad. Todo muy #LaVidaenAmaniel.

Me encanta su buena disposición cuando les propones cualquier idea, por disparatada que sea: “Chicas, ¿brunch para celebrar Valentine’s Day? ¡Vamoooos!” Se agradece esa facilidad con la que consiguen que todo suceda, que todo fluya.

Un domingo perfecto. Una compañía más que perfecta. Y un lugar, el salón de té Vailima. Ideal. Muy British.

Llegamos con una puntualidad y a una hora muy británica, para zamparnos un pequeño y digestivo brunch que consistía en té/café, zumo de naranja, croissant, tostada, hamburguesa/bagel/huevos Benedict y ensalada de frutas. Todo muy de dieta. Fantástico.

Y aunque el día era propicio para hablar del sexo masculino, no lo hicimos. Un poco raro, sí. Pero para hablar de tíos ya tenemos 364 días. Por eso, preferimos hablar de nuestros proyectos más próximos. Y lo agradecí, estoy saturada de tanto corazoncito. Aunque si este post lo leen mis “compis”, van a decirme que miento como una bellaca: cuando nos trajeron el postre con un corazoncito dibujado con sirope, me salió un gritito de lo más cursi. ¿Contradictorio? Un poco. Quizás no esté tan saturada.

Y es que por mucho que critique #SanValentinesDay y las tonterías que lo acompañan, me encanta celebrarlo. Y qué mejor compañía que dos amigas de ocupan una parte importante de mi corazón.

… Así y todo, el 14 de febrero no me va. Prefiero la rosa y el libro. Digamos que yo soy más de Sant Jordi.

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