Celebrando los #Casicuarenta

[1ª. Parte_ Dedicado a mis padres]

Han sido siete meses compartiendo un viaje hacia los cuarenta, un viaje en el que me he sentido muy bien acompañada y feliz. Por ello, la despedida debía estar a la altura y yo tenía los ingredientes perfectos para que así fuese.

Un viernes, 26 de agosto. ¿Por qué? El 26 es mi número favorito. Sí, estas chorradas en estos casos las tengo en cuenta. Hay que empezar con buen pie. Dos invitados, muy importantes: Carmen y Fernando, padres de la criatura. Estaba claro que el festejo empezaba con ellos. Un lugar: Sant Pol de Mar (Barcelona), por darme grandes veranos… ¡y el mar!

 Hace ya algunos años les había comentado que los cuarenta los quería celebrar en el restaurante Sant Pau, de Carme Ruscalleda, la mujer con más estrellas Michelin del mundo, cosas que dices, aunque aún falte mucho tiempo y cuando llega el día no es momento para echarse atrás.

 Y añades cosas como “Invito yo, ¡son 40!”, con cara de “porque yo lo valgo” y con movimiento de melena incluido. Poco me faltó. Pero estas cosas o las haces sin pensar o nunca llega el día apropiado.

Así que nos fuimos los tres a comer con Carme Ruscalleda; feliz de celebrarlo con ellos, con las dos personas más importantes de mi vida por cuidarme con tanto amor estas cuatro décadas. Us estimo!

Y os preguntaréis… Sí, sí, pero y la comida, ¿qué tal? Catorce propuestas que te llevarán por diferentes partes del mundo a través de su música y del paladar. Un viaje sencillamente maravilloso y placentero.

Como adelanté en el anterior post introductorio #Hola40 cada uno de ellos irá dedicado a todos aquellos que han contribuido a que esta celebración haya sido tan especial. El primero, como no podía ser de otra forma, a mis padres ❤ fieles seguidores de ese blog y, sobre todo, por creer en mí siempre y apoyarme en todos los proyectos: ¡va por ustedes!

 

Anuncios

Hola blog, #Hola40 ;-)

¡Hola a todos!

Os echaba de menos, demasiadas semanas sin escribir y muchas cosas que contar.

Como habréis adivinado, ya he cumplido los ¡Cua-ren-ta! Esto fue a finales de agosto y todavía no había encontrado el momento de compartirlo.  Hasta hace bien poco, estaba recibiendo mi último regalo… ¡en Barcelona!

Y antes de nada: ¡muy muchas GRACIAS! Por hacerme sentir especial, querida y acompañada en este gran viaje que es la vida. Sin vosotros, todo esto no tendría el más mínimo sentido, así que de nuevo, GRACIAS.

Por este motivo, y sin que sirva de precedente, voy a extender la celebración en tres post.  Es mi manera de agradecer a todos aquellos que en algún momento habéis participado en esta GRAN y emotiva celebración.

Lo he dividido en:

1. Despedida de los “Casicuarenta

2. Fiesta #Hola40

3. Y… Oh yes! Fiesta sorpresa 😉

Aviso a amigos y familiares: si un día me caso, preparaos que la boda de Rociíto se va a quedar corta… ¡Y lo sabes!

Buenos días y buen viaje

[Desayunos viajeros en #SanFrancisco2016]

Desde mi último post ha pasado mucho tiempo. Durante estas semanas han sucedido muchas cosas: entre ellas un esperado y deseado viaje a San Francisco. Así que me siento especialmente feliz de reencontrarme con casicuarenta.com

Así pues, creo que es el momento ideal para empezar con esta nueva sección: “Desayunos viajeros”, donde se juntan  dos de mis grandes pasiones: viajar y desayunar.

Como adelantaba al inicio de este post, hace algo más de un mes, por motivos de trabajo, volé a San Francisco. Sí, llámame afortunada, porque lo soy y soy muy consciente de ello. Teníamos un programa completo de visitas muy interesantes por toda la ciudad y alrededores, pero… ¿qué es un día en la city sin un buen desayuno americano?

Así que para aquellos que en breve o no tan breve tengan la suerte de visitar esta maravillosa ciudad de emprendedores, os sugiero empezar el día en los siguientes sitios:

Mo’z café: Mi preferido. Y he de confesar que desayuné aquí dos veces en una semana 😉 Solo pensar en el olor de esas deliciosas pancakes, cogería un vuelo ahora mismo. Esas cuatro tortitas, con sirope y azúcar espolvoreado, son difíciles de olvidar.

Taylor Street Coffee Shop: Si fuera por la apariencia del local no creo que hubiese entrado, pero gracias a la puntuación de Google y que estaba al lado del hotel donde nos alojábamos, lo probé y me encantó. Mi elección para este pequeño restaurante fueron unas riquísimas French Toast.

Homeskillet: Restaurante auténtico, de esos que salen en las películas americanas, así que la experiencia gastronómica prometía. El desayuno elegido en este caso fue un sabroso sándwich con jamón, queso y tortilla. ¡Espectacular!

Dottie’s true blue café: Era mi último día en la ciudad y no me importó hacer una hora de cola, mereció la pena. El lugar es muy auténtico y más si te ubican en la barra cerca de la cocina. Mejor no escribir el homenaje que me di, porque fue todo menos bajo en calorías.

Con estas cuatro recomendaciones empiezo mi sección gastronómico-viajera.

¡Espero que os guste!

Así pues, ¡buen viaje y buen provecho!

Una versión española

Después de tres magníficos días en la playa, he regresado descansada, relajada y con mucha ganas de escribir un nuevo post en casicuarenta, que el tiempo apremia y hay muchas cosas que contar.

Y aquí me encuentro, en mi nueva casita, sentada en mi nueva silla roja de Maison du Monde y mi mesa Ikea, tecleando “tictictic” a un dedo. Sí, lo confieso, soy de las que tecleo a toda prisa, fuerte y con un dedito de cada mano. Mal, lo sé. Todo ello muy blogger o mejor dicho, muy Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York, salvando algunas diferencias, como mi mecanografía y algunas más…

La primera y no más importante, mi vida sexual no es tan agitada como nuestra protagonista ni deseo un Mr. Big en mi vida. Yo soy más de Harvey Specter de Suits, personaje que merecería un post dedicado a exclusivamente a él, así que no me voy a extender que me pierdo.

La segunda, y muy evidente, no estoy en Nueva York, pero las vistas que ahora mismo contemplo nada tienen que envidiar a los rascacielos de la Gran Manzana. Mi Malasaña, que no me la cambien.

La tercera, la indumentaria. Podría inventarme mil conjuntos de lo más sexy, chic, pero la verdad es que voy con una camiseta Facebook de lo más friki, por aquello de la inspiración. Intentaré ir mejorando esta cuestión; algo he visto en Oysho me está guiñando el ojo hace algunas semanas, pero a veces me hago de rogar.

Y la cuarta y más destacable, es que en estos momentos, me estoy zampando  patatas fritas, olivas y fuet, todo muy bien colocadito al lado de mi ordenador. Tecleo, como, como y sigo tecleando. Todo muy rico. Y para qué vamos a engañarnos, yo creo que nuestra Carrie americana pocos aperitivos ha probado. Ella vive en Nueva York, yo en España. Punto a mi favor.

Creo que antes de los cuarenta, me llaman para grabar la versión española de Sexo en Nueva York. Como que lo veo… ¡Acción!

Ni rastro de rosa ni de libro

Sábado, 23 de abril, Sant Jordi: también conocido como el día del libro, aunque para mí es el día del libro y de la rosa. Podría decirse, que es uno de los días más especiales, pero este es el primer año que no he tenido ni rosa ni libro. Un bajón. Bueno, un bajón relativo: tenía muchas posibilidades de que esto sucediese, pero a veces, y con casicuarenta, sigues siendo una idealista.

Para qué vamos a engañarnos: tenía la esperanza de recibir una rosa. Los dos últimos años mis compañeras de piso me habían regalado una rosa, pero… ¿qué pasa cuando te independizas? Pues que ya no tienes compañeras de piso, y de rebote, te quedas sin ese detalle. Vivir sola es lo que tiene.

Durante los doce meses anteriores a Sant Jordi suelo hacer campaña, intensificándola a medida que se acerca la fecha, pero este año, con el lío de mi nueva independencia, se me ha pasado y a la vista están los resultados: ni rastro de rosa ni de libro.

El próximo año tendré que ser más insistente o buscarme un novio. Un novio detallista. De esos que te regalan las dos cosas. Porque yo soy de rosa y de libro. A lo grande. Tengo un año para trabajar este tema. La próxima vez, ya con cuarenta, rosa, libro y novio detallista. Empieza la campaña Sant Jordi 2017, ¡abróchense los cinturones que vienen curvas!

¡Buenos días, fin de semana!

Hace ya casi un mes que estoy durmiendo en mi nuevo apartamento y todavía no había podido levantarme tranquilamente, sin despertador ni prisas. El tema empezaba a angustiarme. No podía demorar un fin de semana más. Agenda bloqueada. Empezaba operación: breakfast weekend.

Como diría nuestro gran amigo Enrique Iglesias: fue una experiencia religiosa. Impresionante la sensación de despertarse con el sonido de los pájaros. Si viviese en el campo esto sería lo más normal, pero os recuerdo que vivo en el centro de Malasaña. Pensé que me había muerto y estaba en el cielo. Quizás un poco exagerado, pero pilláis la idea.

Cuando me di cuenta que seguía vivita y coleando, decidí que debía pasar a la acción. Era mi momento favorito del día… ¡El desayuno! Pero para preparar un buen desayuno es importante acordarse de hacer la compra el día anterior, así que me tuve que conformar con unas tostadas y un café con leche. No está mal, pero infinitamente mejorable.

El siguiente paso fue instalar mi centro de operaciones en la cama: desayuno, móvil, ordenador y libro. No hace falta decir que no salí de la cama en las horas siguientes, no voy a decir el número exacto, no hace falta.  Eso sí, para próximos desayunos sería interesante contar con una bandeja de cama, imprescindible en mi nueva vida de casicuarenta.

Tanto me ha gustado la experiencia de este fin de semana que ayer por la noche se me olvidó poner el despertador… Esta noche quizás se me vuelva a olvidar 😉 ¡Feliz semana!

En mis zapatos

Hace algunas semanas cayó en mis manos la saga de literatura romántica En los zapatos de Valeria, cuatro libros escritos por Elísabet Benavent y protagonizados por cuatro amigas de casitreinta: Valeria, Lola, Carmen y Nerea. Ya os podéis imaginar de qué tratan… 😉

Los estaba leyendo mi mejor amiga hace algún tiempo y aunque me los había recomendado, no les presté la atención que se merecían. Y tengo que admitirlo: ¡me encantan!

Soy consciente de que este tipo de libros va dirigido a chicas de veintimuchos y treinta y pocos. Lo sé, debo madurar. Pensé que era algo transitorio. Todos tenemos alguno de esos momentos de nuestra vida en los que necesitamos lectura facilona y divertida. No pasa nada, Mireia.

Bien. O no tan bien. La semana pasada pasé por el Fnac y compré el primer libro de la saga de Silvia de la misma autora, @Betacoqueta: Persiguiendo a Silvia. He tenido que pautarme la lectura, ya que por poco me lo leo en una noche. Autocontrol, Mireia, Por favor, autocontrol que ya tienes casicuarenta. Y este tipo de libros ya sabemos todas como acaban. Sorpresas, al final no suelen haber, pero en el mientras tanto… me flipo.

A estas alturas, vivo en un mar de dudas. No sé si me gusta más Víctor, Álvaro o Gabriel. Elísabet, desde aquí te lo ruego: deja de escribir. Si sigo leyendo tus libros creo que no voy a encontrar pareja ni en cien años.

Estoy muy orgullosa de mí misma: al final he conseguido que Silvia, Víctor, Bea y Gabriel me acompañen durante los cuatro días de vacaciones. Pero hasta aquí llegó mi autocontrol: esta tarde voy a comprarme la segunda parte de la saga de Silvia: Encontrando a Silvia

Días de mudanza

Sin prisa, pero sin pausa. Me mudaba a cinco minutos de Amaniel. Con unos pocos viajes cada día, lo tenía solucionado:   “No, hombre, no, no necesito ayuda. La nueva casa está a cuatro calles. Es subir y bajar. No creo que cueste mucho: lo puedo hacer yo sola…”.

¿Perdonaaaaaa? Nueve horas cada día. Carrito de la compra, calle arriba y calle abajo. Sin parar. Más de diez kilómetros por día. No está nada mal. Alejandro, el portero de Amaniel, creo que todavía lo está flipando.

Solo tenía que recoger mi habitación. La mitad de cosas las había vendido por Wallapop y la otra mitad me la había comprado mi casero. Si lo hubiera tenido que mover todo de casa todavía estoy haciendo la mudanza.

La idea era hacer el traslado durante todo el lunes. El martes lo tenía reservado para Ikea, Movistar y Madrid Portes, que me traerían el colchón a mi nueva casa. Estaban convocados de tal forma que no se encontrasen todos a la misma hora y en el mismo lugar. Pero a las 12 pm aparecieron todos a la vez. Esto sí que es estrenar una casa: seis hombres con mono azul.  Si soy sincera creo que no voy a tener tanto hombre junto en ese espacio reducido que es mi nueva vivienda. No tengo documentación gráfica al respecto. Una lástima.

Todavía falta alguna cosa por llegar. Mientras tanto, vivo en el minicaos, en mi minicaos particular. Resulta que me dejé algunas cosas en Amaniel ¿A propósito? Quizás es obra del subconsciente.  Seguro que necesitaré más de un viaje.

Tenemos que hablar

Me pregunto cuándo ha sido la última vez que he soltado esta frase y la verdad es que no hace mucho, pero ahora no es el momento de entrar en detalle, sino que hoy toca hablar de la última película de David Serrano.

Si lo que esperas es leer mi opinión, mejor que no sigas leyendo. Crítico de cine por ahora no, aunque para que no te vayas con las manos vacías, te diré que lo que destacaría de la película es la interpretación de los actores secundarios: Belén Cuesta y Ernesto Sevilla lo bordan. Y dicho esto, sigo con lo mío.

El pasado jueves fue el preestreno y, ni mi fantástica minifalda de lentejuelas ni yo, podíamos faltar. Hace ya algunos meses, un amigo mío me invitaba a un pase privado de la nueva película del director de Días de fútbol para conocer nuestra opinión. Alucina. Resulta que alguien de la profesión le había hablado de mí. Alucina, vecina: Pues eso, que iba en calidad de espectadora “comercial”; no es que sea lo más bonito que han dicho sobre mí, pero es  verdad que tampoco soy una hispter cinéfila. Para que nos vamos a engañar. Postureo, el justo.

Yo estaba emocionada, pero… y si no me gustaba, ¿debía decirlo o debía callarme? Al final todo fue mucho más fácil. Ciertamente, la película nos gustó y eso facilitó las cosas, aunque sin dejar de comentar aquellas partes que creíamos que flojeaban. Sin filtro.

Viéndola por segunda vez en el cine, nos vinimos un poco arriba al ver que nuestras sugerencias habían sido escuchadas. ¿Mola, no? Pues sí, para que nos vamos a engañar.  Supongo que no lo hicimos del todo mal. Ahora nos toca a esperar a ver si vuelven a contactar con nosotros.

Por eso he decidido escribir este post. Me siento parte de la película aunque sea solo un 0,01 %. Así que solo me queda agradecérselo a su director, David Serrano: ¡muchas gracias!… y vuélveme a llamar para la próxima.

Yo soy más de Sant Jordi.

Ayer fue 14 febrero: el día de San Valentín, el día de los Enamorados.  ¿Un día más? Para la gran mayoría, seguramente.

Para mí, depende del año y este me apetecía festejarlo. Independientemente de que tenga pareja o esté enamorada. La excusa nos valía: mi actual compañera de piso, su antecesora y yo misma, nos fuimos a celebrar el amor de la amistad. Todo muy #LaVidaenAmaniel.

Me encanta su buena disposición cuando les propones cualquier idea, por disparatada que sea: “Chicas, ¿brunch para celebrar Valentine’s Day? ¡Vamoooos!” Se agradece esa facilidad con la que consiguen que todo suceda, que todo fluya.

Un domingo perfecto. Una compañía más que perfecta. Y un lugar, el salón de té Vailima. Ideal. Muy British.

Llegamos con una puntualidad y a una hora muy británica, para zamparnos un pequeño y digestivo brunch que consistía en té/café, zumo de naranja, croissant, tostada, hamburguesa/bagel/huevos Benedict y ensalada de frutas. Todo muy de dieta. Fantástico.

Y aunque el día era propicio para hablar del sexo masculino, no lo hicimos. Un poco raro, sí. Pero para hablar de tíos ya tenemos 364 días. Por eso, preferimos hablar de nuestros proyectos más próximos. Y lo agradecí, estoy saturada de tanto corazoncito. Aunque si este post lo leen mis “compis”, van a decirme que miento como una bellaca: cuando nos trajeron el postre con un corazoncito dibujado con sirope, me salió un gritito de lo más cursi. ¿Contradictorio? Un poco. Quizás no esté tan saturada.

Y es que por mucho que critique #SanValentinesDay y las tonterías que lo acompañan, me encanta celebrarlo. Y qué mejor compañía que dos amigas de ocupan una parte importante de mi corazón.

… Así y todo, el 14 de febrero no me va. Prefiero la rosa y el libro. Digamos que yo soy más de Sant Jordi.