Ni rastro de rosa ni de libro

Sábado, 23 de abril, Sant Jordi: también conocido como el día del libro, aunque para mí es el día del libro y de la rosa. Podría decirse, que es uno de los días más especiales, pero este es el primer año que no he tenido ni rosa ni libro. Un bajón. Bueno, un bajón relativo: tenía muchas posibilidades de que esto sucediese, pero a veces, y con casicuarenta, sigues siendo una idealista.

Para qué vamos a engañarnos: tenía la esperanza de recibir una rosa. Los dos últimos años mis compañeras de piso me habían regalado una rosa, pero… ¿qué pasa cuando te independizas? Pues que ya no tienes compañeras de piso, y de rebote, te quedas sin ese detalle. Vivir sola es lo que tiene.

Durante los doce meses anteriores a Sant Jordi suelo hacer campaña, intensificándola a medida que se acerca la fecha, pero este año, con el lío de mi nueva independencia, se me ha pasado y a la vista están los resultados: ni rastro de rosa ni de libro.

El próximo año tendré que ser más insistente o buscarme un novio. Un novio detallista. De esos que te regalan las dos cosas. Porque yo soy de rosa y de libro. A lo grande. Tengo un año para trabajar este tema. La próxima vez, ya con cuarenta, rosa, libro y novio detallista. Empieza la campaña Sant Jordi 2017, ¡abróchense los cinturones que vienen curvas!

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¡Buenos días, fin de semana!

Hace ya casi un mes que estoy durmiendo en mi nuevo apartamento y todavía no había podido levantarme tranquilamente, sin despertador ni prisas. El tema empezaba a angustiarme. No podía demorar un fin de semana más. Agenda bloqueada. Empezaba operación: breakfast weekend.

Como diría nuestro gran amigo Enrique Iglesias: fue una experiencia religiosa. Impresionante la sensación de despertarse con el sonido de los pájaros. Si viviese en el campo esto sería lo más normal, pero os recuerdo que vivo en el centro de Malasaña. Pensé que me había muerto y estaba en el cielo. Quizás un poco exagerado, pero pilláis la idea.

Cuando me di cuenta que seguía vivita y coleando, decidí que debía pasar a la acción. Era mi momento favorito del día… ¡El desayuno! Pero para preparar un buen desayuno es importante acordarse de hacer la compra el día anterior, así que me tuve que conformar con unas tostadas y un café con leche. No está mal, pero infinitamente mejorable.

El siguiente paso fue instalar mi centro de operaciones en la cama: desayuno, móvil, ordenador y libro. No hace falta decir que no salí de la cama en las horas siguientes, no voy a decir el número exacto, no hace falta.  Eso sí, para próximos desayunos sería interesante contar con una bandeja de cama, imprescindible en mi nueva vida de casicuarenta.

Tanto me ha gustado la experiencia de este fin de semana que ayer por la noche se me olvidó poner el despertador… Esta noche quizás se me vuelva a olvidar 😉 ¡Feliz semana!