Tenemos que hablar

Me pregunto cuándo ha sido la última vez que he soltado esta frase y la verdad es que no hace mucho, pero ahora no es el momento de entrar en detalle, sino que hoy toca hablar de la última película de David Serrano.

Si lo que esperas es leer mi opinión, mejor que no sigas leyendo. Crítico de cine por ahora no, aunque para que no te vayas con las manos vacías, te diré que lo que destacaría de la película es la interpretación de los actores secundarios: Belén Cuesta y Ernesto Sevilla lo bordan. Y dicho esto, sigo con lo mío.

El pasado jueves fue el preestreno y, ni mi fantástica minifalda de lentejuelas ni yo, podíamos faltar. Hace ya algunos meses, un amigo mío me invitaba a un pase privado de la nueva película del director de Días de fútbol para conocer nuestra opinión. Alucina. Resulta que alguien de la profesión le había hablado de mí. Alucina, vecina: Pues eso, que iba en calidad de espectadora “comercial”; no es que sea lo más bonito que han dicho sobre mí, pero es  verdad que tampoco soy una hispter cinéfila. Para que nos vamos a engañar. Postureo, el justo.

Yo estaba emocionada, pero… y si no me gustaba, ¿debía decirlo o debía callarme? Al final todo fue mucho más fácil. Ciertamente, la película nos gustó y eso facilitó las cosas, aunque sin dejar de comentar aquellas partes que creíamos que flojeaban. Sin filtro.

Viéndola por segunda vez en el cine, nos vinimos un poco arriba al ver que nuestras sugerencias habían sido escuchadas. ¿Mola, no? Pues sí, para que nos vamos a engañar.  Supongo que no lo hicimos del todo mal. Ahora nos toca a esperar a ver si vuelven a contactar con nosotros.

Por eso he decidido escribir este post. Me siento parte de la película aunque sea solo un 0,01 %. Así que solo me queda agradecérselo a su director, David Serrano: ¡muchas gracias!… y vuélveme a llamar para la próxima.

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Yo soy más de Sant Jordi.

Ayer fue 14 febrero: el día de San Valentín, el día de los Enamorados.  ¿Un día más? Para la gran mayoría, seguramente.

Para mí, depende del año y este me apetecía festejarlo. Independientemente de que tenga pareja o esté enamorada. La excusa nos valía: mi actual compañera de piso, su antecesora y yo misma, nos fuimos a celebrar el amor de la amistad. Todo muy #LaVidaenAmaniel.

Me encanta su buena disposición cuando les propones cualquier idea, por disparatada que sea: “Chicas, ¿brunch para celebrar Valentine’s Day? ¡Vamoooos!” Se agradece esa facilidad con la que consiguen que todo suceda, que todo fluya.

Un domingo perfecto. Una compañía más que perfecta. Y un lugar, el salón de té Vailima. Ideal. Muy British.

Llegamos con una puntualidad y a una hora muy británica, para zamparnos un pequeño y digestivo brunch que consistía en té/café, zumo de naranja, croissant, tostada, hamburguesa/bagel/huevos Benedict y ensalada de frutas. Todo muy de dieta. Fantástico.

Y aunque el día era propicio para hablar del sexo masculino, no lo hicimos. Un poco raro, sí. Pero para hablar de tíos ya tenemos 364 días. Por eso, preferimos hablar de nuestros proyectos más próximos. Y lo agradecí, estoy saturada de tanto corazoncito. Aunque si este post lo leen mis “compis”, van a decirme que miento como una bellaca: cuando nos trajeron el postre con un corazoncito dibujado con sirope, me salió un gritito de lo más cursi. ¿Contradictorio? Un poco. Quizás no esté tan saturada.

Y es que por mucho que critique #SanValentinesDay y las tonterías que lo acompañan, me encanta celebrarlo. Y qué mejor compañía que dos amigas de ocupan una parte importante de mi corazón.

… Así y todo, el 14 de febrero no me va. Prefiero la rosa y el libro. Digamos que yo soy más de Sant Jordi.

Adiós, NEW GIRL

Cuando empiezas un blog se te ocurren mil historias que escribir en él, pero en este caso estaba claro con cuál había que empezar: el proceso de cambio de compartir piso a vivir sola en un estudio. Tenía de plazo ocho meses. Ese era uno de mis propósitos 2016. El otro, este blog. Vamos bien.

Más de diez años viviendo al estilo New Girl. Era el momento de dar paso al final de la última temporada y dar un paso al frente. Los 40 se acercan, y debo poner fin a todas las excusas que me he dicho a mí misma del tipo: “con mi sueldo no puedo…”, “me gusta llegar a casa y que te pregunten qué tal el día…”, blablablá. Lo que viene a ser, seguir el proceso vital, necesitaba un espacio propio en el que poder hacer lo que quisiera, cuando quisiera. Ha llegado el momento de vivir sola.

Cómo, dónde y lo más importante, el presupuesto. Los dos primeros puntos estaban muy claros: luminoso, grandes ventanales, tarima y zona centro. Por pedir que no quede. La carta a los Reyes Magos es gratis, ¿no?… el alquiler ya es otro tema. Ahí tuve que ceder, o más bien, tuve que ampliarlo porque hay que meterse en Idealista para ver la cochambrosa oferta de pisos a precios descabellados y todavía así, ¡vuelan!

Operación “nuevo nido” se ponía en marcha. Sin prisa pero sin pausa. Cada alerta que recibía la abría con gran expectación -se nota que soy novata en esto-. Dos meses de búsqueda. Muy novata, sí.

¡Y llegó esa alerta! Era “el piso”, lo que se dice flechazo. Es verdad que yo tengo muchos flechazos, pero no hay que quitar el romanticismo a esta historia, san Valentín está a la vuelta de la esquina…

EL piso cumplía con todos los requisitos. Dicen que cuando deseas mucho una cosa debes visualizarla. Pues eso. Ahí estaba… Los Reyes Magos me lo concedieron todo… y hasta me regalaron las vistas a un jardín. Como describió un amigo “muy Mire”, muy yo 😉

Llamé a la propietaria y nos caímos bien. Sobre todo, cuando le dije que llevaba más de diez años en el mismo piso. Creo que eso le cautivó.

Del flechazo pasé al amor verdadero en cuanto entré. ESE era MI piso. Me veía ahí un domingo cualquiera, desayunando, con los rayos de sol entrando por esos grandes ventanales. Sí, esto es muy ñoño, pero es así, para qué nos vamos a engañar. Me gusta montarme películas.

Y no podía ser de otra manera: ¡fui la elegida! ❤

Ahora ando contando los días para mudarme: 15 de marzo es el día. Todavía queda un poco. Mientras tanto, pensaré en cómo decorar mi nuevo espacio. En breve empezará mi nueva vida. Mi vida de adulta. Mi vida de treinta y todos.

[Intro] mi blog

Efectivamente, tengo casi cuarenta, cumplo años a finales de agosto y he pensado que podría ser interesante escribir cómo me siento a medida que se va acercando la fecha. Siguiendo los consejos de varios amigos, y aprovechando los nuevos propósitos para 2016, aquí estoy dándole a la tecla.

Soy consciente de que el nombre de este blog tiene una vida relativamente corta, pero una vez cumpla los 40, veremos y sopesaremos si vale la pena seguir. ¡One never knows!

El caso es que lo empiezo con ganas y muy ilusionada. En estos meses próximos compartiré mi vida con todo aquel que le interese leerla. Y sobre todo, espero aprender mucho del mundo del blogger al que soy totalmente ajena. De hecho, llego un poco tarde ahora que todo el mundo es un youtuber…, pero no se lleva también lo vintage?

Se habla mucho de que nos afecta cambiar de década. Para algunos es un pequeño trauma, otros ni se enteran, pero la verdad es que, en mi caso, siempre ha sido algo muy positivo. ¡Me encanta cumplir años!: 365 días de nuevas experiencias de las que estoy segura, la gran mayoría serán muy buenas. Me considero muy afortunada.

Los 40 son los nuevos 30, eso dicen. Lo que es cierto es que cambio de número, el 4. No está nada mal. Pero por ahora, vamos a despedir al 3 como se merece.